El grado de maestría de un artesano cestero se mide por su capacidad de dar formas y terminaciones complicadas, lograr diseños diferentes sin salir de la técnica. A pesar de que estos conocimientos los comparten tanto los hombres como las mujeres, estas últimas se dedican a realizar piezas más pequeñas y delicadas como paneras, galleteros, canastitos para guardar sus joyas, carteritas, etc.
La técnica aduja se ha desarrollado y practicado en todo el continente americano, prueba de ello son los hallazgos de entierros funerarios que contienen piezas de cestería en muy buen estado de conservación: Chile da testimonio con los pueblos mapuches, atacameños, diaguitas y chinchorros.
Cada país ha adaptado su técnica de acuerdo a los recursos que la naturaleza les ha brindado, permitiendo de este modo que se mantenga muy vigente y que conviva perfectamente con la innovación de los artesanos mas emprendedores y osados que solo buscar complacer los requerimientos del mercado que le ha dado un uso ornamental con variantes decorativas.
Lo más importante es hacerle frente a la amenaza que ya esta enfrentando la actividad, por la perdida paulatina de los bosques nativos que son la base para su subsistencia y producción.
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